CINE: "Hamnet" (2025) de Chloé Zhao.

 


Cuando cuento el reloj que dicta el tiempo, y veo el bravo día en noche odiosa ahogado, cuando miro la violeta que pasó su mejor momento y oscuros rizos, todos de blanca plateados. Cuando encumbrados árboles veo sin sus hojas que frente al calor sirvieron de palio a rebaños, y con barbas rudas y canas el verde del verano en gavillas sobre carros transportado, entonces sobre tu belleza me pregunto, pues entre ruinas de tiempo debe ir adonde dulzuras y bellezas se abandonan, y mueren tan rápido como ven crecer a otras. Pues nada contra el tiempo y su hoz defiende, salvo el linaje para retarlo cuando por ti llegue”.

Hamnet es una película del año 2025, dirigida por Chloé Zhao, basada en la novela de Maggie O'Farrell y con un guion adaptado por ambas. La cinta está protagonizada por Jessie Buckley (I´m thinking of ending things, The Lost Daughter) y Paul Mescal (Aftersun, All of us strangers) interpretando a Agnes y William Shakespeare.

La historia adapta libremente el duelo de la familia Shakespeare, tras la muerte del pequeño Hamnet, experiencia que inspiró la creación de la mítica obra Hamlet.

El año pasado tuve la oportunidad de leer la biografía que Victor Hugo (autor de Los Miserables) escribió acerca de la vida y la obra de William Shakespeare. En dicho libro, se hace una pequeña mención al suceso central de esta película. Hugo escribió lo siguiente:

En 1597 Shakespeare había perdido a su hijo, quien ha dejado, por única huella de su paso por la tierra, una línea en el registro mortuorio de la parroquia de Stratford sobre el Avon: 1597. August 17: Hamnet, Filius William Shakespeare”. -”Vida y Obra de William Shakespeare” por Victor Hugo. Editorial Claridad, edición Mayo 1941; página 24.

Este fragmento mencionado, al igual que la breve introducción durante los primeros minutos de la película, sirven como un modo de dar contexto ante lo que se nos presentará en pantalla. La inclusión de tal nota, me parece una buena manera de contar lo poco (y casi nada) que se sabe de la vida familiar de los Shakespeare, puesto que gran parte de lo narrado, fue producto de la mente de la autora Maggie O'Farrell que con maestría y notable respeto, tomó tal suceso para crear la historia que se cuenta en esta cinta.

Hamnet lleva como título el nombre del pequeño niño que murió misteriosamente hace más de cuatro siglos (aquí, otorgado a la peste bubónica), pero el corazón y la mente de la película está centrado en su madre Agnes (originalmente llamada Anne Hathaway).

O'Farrell y Zhao depositaron el ojo en la figura de la mujer que engendró y crió a los hijos de esta familia, pero a diferencia de situarla bajo la sombra del artista, decidieron instalarla en el centro, convirtiéndola en la imagen principal que transita el dolor de la tragedia en primera persona, al ser quien tuvo entre brazos al pequeño tanto al nacer como al morir.

Agnes, como personaje es una mujer apasionada vinculada a la naturaleza. Le gusta estar entre árboles en compañía de su Cóndor y se rumorea que es hija de una bruja del bosque, debido a que siempre la encuentran allí. Incomprendida y constantemente desvalorizada por su madrastra, Agnes posee carácter y presencia, aspectos que hacen de ella una persona con decisión y voz propia, despojándola de la típica imagen de mujer sumisa que apoya silenciosamente a su esposo sin caer en mensajes de empoderamiento, debido a que la cinta no apunta a eso, naturalizando la personalidad y el temperamento de ella como aspectos que la construyen como ser humano.

Todo lo vemos a través de ella y todo lo experimentamos por medio de su presencia. Como espectadores percibimos su amor, su alegría, su amargura y su incesante dolor. Jessie Buckley es el centro de una historia que explora el duelo desde lo más profundo del espíritu, y es por medio de su extraordinaria interpretación que uno puede sentir la agonía de la pérdida hasta la médula de los huesos, transmitidos por medio de cada expresión suya ya sean gritos, llantos, sonrisas, silencios u ojos cansados. Ella lo entregó absolutamente todo y es por eso que resulta tan poderosa.

Un aspecto relevante es el lugar que le dieron a William Shakespeare, no como autor, si no como padre y esposo. El foco no está puesto en él, sin embargo, sí tienen en cuenta su aflicción a pesar de no ser el protagonista.

Will es una persona de intentos: intenta cuidar a su familia, intenta tener éxito en el trabajo e intenta enseñar correctamente a su hijo a cómo tratar a los demás, y es en esos intentos que se pierde, no en un sentido negativo en cuanto a su construcción como personaje, si no que es en esos constantes intentos que su ausencia genera su propio tormento.

Como sociedad nacimos acostumbrados a ver a Shakespeare como algo inalcanzable y único, permaneciendo siempre como el máximo ejemplo del canon literario vinculado a la maestría y la perfección de las letras. Sin embargo, acá vemos al hombre por sobre todas las cosas, el humano más allá de la imagen histórica. Sensible, temperamental, imperfecto e impulsivo, Hamnet presenta la versión más humana y accesible del dramaturgo y por esto mismo es que me parece tan acertada la elección de Paul Mescal como William, puesto que es quizás el mejor ejemplo contemporáneo de la sensibilidad masculina que podemos ver en pantalla. Mescal es uno (por no decir el mayor) abanderado de la representación de las diferentes masculinidades que durante tantas décadas no fueron presentadas en el cine.

La película no lo convierte en villano, en héroe ni en un objeto de decoración, Shakespeare tiene su lugar sin opacar a Agnes, y eso me pareció un trato perfecto para un nombre con tanto peso.

Un elemento muy bello, es el uso del color en los vestuarios de ambos. En Agnes predomina el rojo y en William el azul, tonos que contrastan y los distinguen en cuanto a sus personalidades y modos de atravesar las diversas situaciones desde el comienzo, mezclándose en determinados puntos y llegando por momentos a resaltarlos como componentes que forman parte de la naturaleza en sí misma, pero que poseen una independencia sin dejar de formar un todo, es decir, sin perder el complemento.

Hamnet explora el dolor sin caer en lo forzado, presentándolo de una manera natural en un camino que se construye poco a poco hasta sentirse como propio, permitiendo que al final, uno vea los créditos en silencio con el corazón en la mano, palpitando ante la falta de aliento.






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